Buscando en Francia inciensos dignos de las tradiciones en las que decían inspirarse, la conclusión se impuso por sí sola: entre los estantes de supermercado y las tiendas esotéricas, faltaba un lugar. Un lugar donde el incienso no fuera ni un ambientador intercambiable, ni un accesorio folclórico.
Encensoria nació para llenar ese vacío. Una casa que se toma en serio lo que otros apenas rozan: el origen de las materias, la exactitud de las recetas, la belleza de los soportes — y toda la cultura asiática de la que el incienso es una de las puertas de entrada.
Porque el incienso no se detiene en la varilla que se consume. Llama a un incensario, a una fuente, a veces a un cuenco de té al lado, a una caligrafía en la pared. Es este ecosistema completo lo que propone Encensoria — el arte de vivir asiático tomado en su conjunto, y organizado en torno al gesto que humea.